Cómo funciona
Se usan piedras de basalto, una roca volcánica. Se eligen por dos razones: son lisas, así que se deslizan sin enganchar la piel, y retienen el calor mucho más tiempo que cualquier otro material que puedas apoyar sobre un cuerpo.
Las piedras se calientan en agua a temperatura controlada. La terapeuta las prueba en su propio antebrazo antes de que toquen tu espalda; ninguna piedra llega a tu piel sin haber pasado por esa comprobación.
Después se combinan dos usos. Unas se apoyan quietas a lo largo de la columna y sobre grupos musculares, y ahí se quedan calentando mientras se trabaja otra zona. Otras se sostienen en la mano y se deslizan como una prolongación de la palma, con aceite.
El calor hace que el tejido ceda antes. Un músculo tibio se deja trabajar con menos presión que uno frío, y eso significa que se puede llegar más profundo sin que duela más.



