Masaje rápido o ritual completo
Un masaje de veinte o treinta minutos trabaja una zona concreta y te devuelve a la calle. Funciona como un parche: alivia el cuello el resto del día. Si vas con el tiempo contado y solo quieres que se te suelte el trapecio, es suficiente.
Una sesión de sesenta minutos o más hace otra cosa. Los primeros quince minutos el cuerpo todavía está en la calle: la respiración es corta, los hombros siguen arriba. Recién ahí empieza a soltar. Por eso una hora no es «lo mismo pero más largo»: es el tiempo mínimo para que el sistema nervioso cambie de marcha.
Nuestras experiencias arrancan en sesenta minutos y llegan a noventa. Las de noventa incluyen algún elemento adicional —jacuzzi, exfoliación de cierre, piedras volcánicas— que estira el recorrido sin apurar ninguna parte.



